Tzintzuntzan
Capital lacustre de los purépechas y su vasto imperio libre, tenía 30,000 habitantes a la llegada de los españoles. Fundada hace ocho siglos, fue sede de la dinastía Uacúsecha. Queda como legado la Gran Plataforma con sus impresionantes yácatas, una de las estructuras más voluminosas de Mesoamérica.
La ciudad prehispánica de Tzintzuntzan, ubicada en la ribera del lago de Pátzcuaro, fue sin duda una de las poblaciones más importantes a la llegada de los españoles en el siglo XVI. Era la capital del Señorío Tarasco y desde aquí se tomaban las decisiones políticas, económicas y religiosas más importantes de un amplio territorio. En ella residieron los señores Uacúsechas —señores águilas—, líderes de esta importante jurisdicción, quienes gobernaron a través de una dinastía hereditaria. Tzintzuntzan funcionó como “capital del imperio y de la cuenca”, y fue residencia real del irecha, sitio ritual-estatal, mercado regional y responsable de una cuantiosa producción artesanal básica, ritual y de élite.
La particularidad de la conquista de Michoacán, la cual fue pactada en su parte más significativa, hizo de esta ciudad un lugar donde durante buena parte del siglo XVI convivieron la nobleza tarasca y los conquistadores españoles en el antiguo emplazamiento de la ciudad, hasta que ésta fue traslada a las partes bajas hacia finales del siglo XVI. Ello convierte Tzintzuntzan en un lugar único para el estudio de la transición de las sociedades prehispánicas a las del periodo virreinal temprano.
La antigua ciudad de Tzintzuntzan se distribuye en amplias terrazas y grandes plataformas que se van acomodando en las laderas de los cerros Yarahuato y Tariaquere, sobre las que se desplantan relevantes estructuras arqueológicas. Al momento de la llegada de los españoles se calcula que tenía una población de aproximadamente 30,000 personas. Sobre la antigüedad de la ciudad aún se tienen muchas dudas, pero por los materiales recuperados en las excavaciones y con las tipologías de que se dispone actualmente, hubo una ocupación cuando menos desde el periodo Epiclásico (600-1000).
Para determinar el arribo de los Uacúsechas a Tzintzuntzan vale la pena hacer un poco de historia. Tariácuri, héroe cultural de la saga de la Relación de Michoacán, que se convirtió en el unificador del señorío tarasco y gobernaría en Pátzcuaro, estableció tres centros de poder: Pátzcuaro, Ihuatzio y Tzintzuntzan. Luego los repartió entre su hijo y dos de sus sobrinos: Hiquíngare, Hirepan y Tangánxoan, respectivamente. A la muerte de Hirepan, asentado en Ihuatzio, Tzintzuntzan pasó a ser la ciudad más importante en la primera mitad del siglo XV. Tangánxoan I es quien, según la Relación de Michoacán, “reedificó” esta ciudad por órdenes de la diosa Xaratanga, pues al parecer su culto se había abandonado.
Tras la muerte de Tangánxoan asume el poder Tzitzispandácuare (1454-1479), el cual traslada al dios principal de los tarascos, Curicaueri, junto con sus ofrendas, a la ciudad, y logra que su señorío se extienda hacia otras zonas, al hacer entradas al valle de Toluca y Xocotitlán, así como a Colima y la ciudad de Zacatula, en Guerrero. Su descendiente, Zuangua (1479-1520), continúa el proceso de ampliación del señorío y consolida los límites del este. Zuangua supo de la llegada de los españoles a Tenochtitlan, pero murió justo antes del arribo de los primeros españoles a Michoacán. Finalmente fue Tzinzincha Tangánxoan II (1510-1530), quien siendo muy joven pactó con Cristóbal de Olid la entrega del territorio, y murió al poco tiempo a manos de Nuño de Guzmán, después de un juicio injusto y de padecer tortura.
Actualmente, las exploraciones en Tzintzuntzan se han concentrado en la zona de la Gran Plataforma y en la plataforma conocida como La Tira. Sobre la Gran Plataforma se hallan cinco yácatas, además de otras estructuras entre las que destaca el Edificio B o Palacio, el cual es una serie de cuartos que se distribuyen alrededor de un patio que debió de tener columnas para sostener la techumbre de un posible corredor.
Existieron otros tipos de espacios que las fuentes históricas nos marcan, pero que no se han localizado arqueológicamente, como La Casa de las Águilas, la Casa de las Plumas de Papagayos, la Casa de las Plumas de Gallina (guajolote), el juego de pelota, los baños llamados Puque huringuequa, donde se hacían sacrificios para los dioses de la mano izquierda llamados Viranbanecha; el zoológico, la cárcel, el mercado y las trojes, que eran los cuartos donde se guardaban todos los objetos que poseían los señores y se almacenaban los productos de las distintas cosechas.
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La Gran Plataforma
Las Yácatas se han destacado por ser los monumentos más sobresalientes en el área, cuya singularidad consiste en ubicarse sobre una gran plataforma. Dicha construcción en realidad es una descomunal terraza artificial, integrada en un antiguo cono volcánico cercano, llamado Yahuarato.
Las Yácatas se han destacado por ser los monumentos más sobresalientes en el área, cuya singularidad consiste en ubicarse sobre una gran plataforma. Dicha construcción en realidad es una descomunal terraza artificial, integrada en un antiguo cono volcánico cercano, llamado Yahuarato. La terraza mide 450 m de largo por poco más de 250 m de ancho, integrada por varias toneladas de piedras que fueron acarreadas a mano. En su interior se albergan los vestigios de otras plataformas de menor dimensión, tal vez con igual número de estructuras encima, todo un conjunto construido en momentos previos. De esas subestructuras, sólo se conoce una parte de la yácata alojada debajo de la llamada Yácata.
El Palacio o Edificio B: En él se localizaba un empedrado y un canal rodeado por un patio, que a su vez lo circundaban cuartos y un corredor, cuyo techo era sostenido por columnas de las cuales sólo quedan algunas piedras de sus bases. En los escombros se hallaron restos humanos, entre los que se encontraron cráneos fragmentados y completos, algunos con deformación frontal intencional. Uno de ellos (masculino) tiene los dientes superiores limados en forma de “cola de golondrina”, un tipo de mutilación dental supuestamente característico de este grupo étnico, por tal motivo se considera que el recinto fue destinado para el uso de la élite. Al exterior, rumbo al norte, se puede apreciar el perfil de la Plataforma Principal, restos de altares y un grupo de piedras con grabados, que hacen alusión al firmamento y a la figura del huracán.
Las Yácatas: La forma de estas construcciones resulta de la combinación de dos cuerpos geométricos: una porción piramidal de planta rectangular, hasta con diez cuerpos escalonados, paralelos y en talud; más otra sección con desplantes semicirculares, hecha de la misma forma, lo cual le da una silueta cónica. Por el sistema constructivo, queda la impresión de que se trata de andadores en talud. La realidad es que son varios cuerpos superpuestos, iniciados desde un centro que se fue aumentando hacia los lados y hacia arriba con piedras lajas, sólo acomodadas y pegadas con lodo. Los cinco edificios principales de Tzintzuntzan, denominados Yácatas 1 a 5, tenían su acceso desde el oriente por medio de una angosta escalinata con alfardas, de la cual únicamente subsisten mínimas evidencias. La arquitectura característica de esta ciudad es común en todo el territorio tarasco y en cierta manera en otras porciones culturales norteñas del país. Al sureste de la zona abierta al público, pero en un nivel más alto, sobre la ladera del cerro, hay otras dos yácatas también sobre una plataforma artificial. Desde ahí domina el conjunto de La Ciudadela, los demás edificios, otras zonas de terrazas al frente y por supuesto el lago.
El Pozo del Sondeo: Permite entender la superposición de las etapas constructuvas del lugar. Es posible apreciar que existió una primera plataforma donde se ubicaron ciertas estructuras, de las cuales aun conocemos muy poco, y sobre ésta se construyó la plataforma hoy visible y las cinco Yácatas. Al fondo hay otro basamento con la misma silueta y casi las mismas proporciones de las superiores. En su base es posible observar el piso original sobre el que se fundó la primera ciudad.
La Ciudadela: Era el centro de una ciudad prácticamente amurallada, una plaza principal en donde se desarrollaba la vida cortesana y se llevaban a cabo las ceremonias religiosas y civiles, por ende era para usos o funciones habitacionales y administrativas. La gran plataforma sirvió para soportar edificios de planta mixta, los templos que los coronaban y, al mismo tiempo, funcionó como muro defensivo, integrando una verdadera fortaleza. Por lo tanto no es extraño que los españoles hayan utilizado este mismo espacio para vivir y guarecerse de cualquier ataque sorpresivo. Esa ocupación dejó como testigo una serie de objetos de corte hispánico –los cuales se han rescatado durante las excavaciones de esta planicie- tales como objetos manufacturados con barro vidriado, asociados a figurillas femeninas hechas en molde y claro sello europeo; así como espuelas, vidrio, monedas, porcelana y crucifijos tallados en piedra.
El Almacén o Edificio E: Se trata de un conjunto habitacional compuesto por varios cuartos de dimensiones generosas, distribuidos alrededor de un patio central. Uno de los recintos en torno a este conjunto tiene cerrados casi cerrados sus cuatro lados, donde se ha sugerido que fue un granero o el depósito para los bienes del reino y los productos del tributo. Las excavaciones hechas aquí, dejaron al descubierto fragmentos de objetos tarascos y algunos otros de manufactura indígena, aunque con diseños europeos. De lo anterior, puede concluirse que las construcciones fueron erigidas para las élites nativas y que, años después, fueron utilizadas por los europeos ahí pertrechados, quienes las modificaron de acuerdo con sus propias necesidades.



